El PAN y la derecha

En el primer párrafo, lanzó una serie de preguntas que en su opinión debía de contestar el PAN. La pregunta que sintetizó todo el cuestionario es la siguiente: “¿Cuál es, en suma, la narrativa y la estrategia de Acción Nacional para el siglo XXI?”. Me parece que al PAN le vendría muy bien realizar la revisión ideológica que propone el Senador.  Pero, me temo, si se hiciera esta reflexión, el PAN acabaría desmembrándose.  Veamos.

Soledad Loeza ha dicho que el PAN es un “un partido que se debate entre el liberalismo y la democracia cristiana” (La Jornada, 23 de mayo de 2013). Por lo anterior, si se llevara a cabo el ejercicio reflexivo que mencionamos, cada una de estas corrientes, en teoría, debería constituir un movimiento político propio.

Para ilustrar lo anterior, tomemos el caso de Chile. Una vez que la coalición de derecha perdió la pasada elección presidencial, hubo una escisión ideológica dentro de ese bloque. Así, los militantes más jóvenes rompieron con los partidos tradicionales, viraron hacia un liberalismo político, y crearon dos nuevos movimientos: Evopoli y Amplitud. Lo interesante es que esta separación se da por una cuestión de principios políticos y no económicos. En otras palabras, respecto al manejo de la economía, los dos nuevos movimientos se identifican con los cánones del liberalismo económico que los partidos tradicionales comparten plenamente.

Si lo que menciona Loaeza es cierto, y en efecto, el PAN hoy se debate entre los polos de la democracia cristiana y el liberalismo, su “fractura ideológica” es de mayor calado que la que se dio en Chile, ya que no habría identificación alguna: ni en lo político, ni en lo económico.

Por un lado, la Democracia Cristiana (DC) al seguir la doctrina social de la iglesia, no sería liberal en lo político. Como ejemplo, veamos el caso de aborto. La concepción de “persona” que ellos tienen implica que el Estado asuma una posición activa frente a las conductas humanas que puedan ponerla en riesgo y, por tanto, limite la libertad, en este caso, de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo.  Por eso están a favor de la penalización del aborto, o, en otras palabras: a favor de que el Estado castigue penalmente a las mujeres que interrumpen su embarazo.

Los liberales estarían en desacuerdo con esto. Para ellos entre menos Estado, mejor. Eso implica limitar al Estado y dar tanto espacio como sea posible a las libertades individuales. Por ello, estarían en contra de que el Estado invadiera la esfera de autonomía de la mujer y dejarían que ella decidiera si quiere tener a su hijo, o no.  No es casualidad que el Primer Ministro de Inglaterra, David Cameron, miembro del Partido Conservador (de un claro corte liberal) esté a favor del derecho a decidir de las mujeres.

Por el otro lado, la DC tiene una concepción del Estado y del mercado que difiere del liberalismo económico. La doctrina social de la iglesia está a favor de un Estado que no sólo intervenga ahí donde el mercado falla, sino que hasta cierto punto lo constituya mediante su poder normativo.  Aquí tampoco estarían de acuerdo los liberales, quienes velarían por que la actuación del Estado en el mercado sea excepcional.  Como se puede apreciar, esta diferencia debería hacer imposible el impulso común a muchas políticas públicas. Simplemente, la visión de cada uno de los grupos sobre la política fiscal,  la seguridad social, y la regulación financiera, en teoría, no debería coincidir.

Por tanto, como vemos, el desacuerdo dentro del PAN no es menor. Son visiones políticas no sólo distintas, sino antagónicas, que  no permiten el acuerdo en varios temas fundamentales.

Como objeción, se puede plantear, que dentro del PAN se puede llegar a lo que Rawls denominó como un “consenso por solapamiento”, es decir, un acuerdo en torno a ciertos principios que cualquier individuo con una doctrina moral razonable podría apoyar. Y que este “consenso” vendría a ser el piso común dese el cual el partido lograría actuar. Pero, si bien el consenso permite que distintas visiones del mundo coexistan socialmente, su ductilidad no permite que se realice política partidista. Ésta necesita unidad de propósito y claridad ideológica, lo que presupone un consenso, sí, pero de mucho más hondura y detalle, que le brinde cohesión a la organización y, por tanto, funcionalidad práctica.

Pero la idea del Senador Gil  no sólo es recomendable, sino que es apremiante.  El hecho de que el PAN lleve a cabo este ejercicio, nos permitiría saber en qué cree la derecha en México y  cuántas “derechas” existen. Y, a la derecha, le serviría para definirse a sí misma. Cuestión de especial relevancia ahora que Europa se encuentra convulsionada por el avance de partidos políticos de derecha extrema, que impulsan una agenda realmente alarmante. Por eso, bienvenida la propuesta del Senador, aún a costa del PAN como lo conocemos.

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