Tres ‘Méxicos’

Hay momentos que nos permiten ver nuestro entorno. No sólo verlo: apreciarlo, palparlo, otearlo, sentirlo. En las últimas semanas he tenido oportunidad de hacer esto con una parte de nuestro país. Una oportunidad de percibir, pues, las distintas narrativas que se han construido alrededor de la suave patria. Encuentro tres distintas.

En primer lugar escucho, y sobre todo, leo, el México en crisis, en llamas, con impresiones y perspectivas capaces de sembrar el desánimo más profundo en cualquiera que las escuche: “Todo está mal”, “todos los políticos son iguales”, “estamos en crisis política y económica”, “todo es culpa de los políticos, “de la mafia en el poder”.

En síntesis: No hay gobierno, no hay político competente, no hay empresario sensible: Hay narcos, crimen, intereses y un complot para saquear al país. Estamos al borde del abismo y no hay quien nos salve (aunque hay quien ya encontró la pócima mágica y él -él solito- nos va enseñar la luz al final del túnel). Repito: Ése es un México que, sobre todo, leo y escucho en boca de algunos conocidos.

Hay otra narrativa que se construye a partir de lo que uno ve. Uno camina por la calles de la ciudad de México y ve a los trabajadores llegar a sus puestos de trabajo, negocios que abren normalmente, restaurantes atestados y el aeropuerto a punto de reventar de gente. Como bien dijo Otto Granados: “Salvo porciones de tres o cuatro estados, las escuelas, hospitales, cines, bancos, mercados, iglesias, peluquerías o comercios abren todos los días en México”.

Asimismo, veo el México del NAFTA, que crece al más del 6%, donde hay una industria automotriz y de aeronáutica, un país con un pie en el terreno de los países desarrollados. Esto uno lo ve, claro, en ciudades como Monterrey que nada le pide a varias ciudades estadounidenses y europeas; pero también lo ve en ciudades como Durango, en donde el rostro de la ciudad se ha transformado, con cada vez más industria, empresas que se instalan de forma permanente y una apertura de negocios sin precedente. Aunque el crimen organizado, si bien no ha desaparecido, sí se percibe como algo más lejano de la vida cotidiana de las personas.

La tercera narrativa es la que se puede construir a partir de la sensibilidad histórica y cultural. Se ha dicho hasta el cansancio, pero no creo que se dimensione correctamente: México es impresionante. Esa combinación de colores y de folclore, hechos manifiestos en el arte popular, la calidad de nuestros escritores, nuestros paisajes y destinos turísticos, la historia que exuda la ciudad de México, lo impresionante de la Plaza de la Constitución, la amabilidad del mexicano (algo que damos por descontado y no nos damos cuenta cuán valiosa es).

Nuestra tradición museográfica (el D.F. es la ciudad con más museos en el mundo), nuestro florido lenguaje que manifiesta una agudeza y perspicacia que pueden dibujar una sonrisa hasta en el rostro del más enfadoso de los mortales. Nuestra costumbre de celebrar todo, todo, hasta nuestras derrotas (porque quizá sabemos que todo fracaso trae consigo alguna victoria encubierta). Todo esto hace de este país simplemente maravilloso.

Las tres narrativas, por supuesto, se combinan. Lo importante es tener en mente que cada una es un fragmento de eso que llamamos realidad. Que la primera narrativa, la cual parece estar más asentada en la opinión publicada, en los comentócratas y en la prensa. Lamentablemente ésta es la que trasciende con muchas exageraciones y distorsiones al extranjero, pero, insisto: Es tan sólo una de las historias que podemos construir de nuestro país (sí, construir, las narrativas se “construyen”).

Héctor Aguilar Camín hace poco dijo que “la prensa mexicana suda malas noticias y juicios fulminantes”. Carlos Bravo Regidor, con la inteligencia que lo caracteriza, responde a Aguilar Camín y dice que “no hay que esperar que los periódicos nos pongan de buenas […] lo que hay que esperar de la prensa, en todo caso, no es menos aspereza: Es más y mejor mal humor”.

Podrá tener razón Bravo Regidor, pero cuado el mal humor de la prensa no sólo amarga el desayuno de los lectores, sino también la comida y la cena, hay algo que no me cuadra: Pasar del varias comidas muy desagradables a una infección estomacal es un salto arriesgado.

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