Vivir Intensa-Mente

Hace mucho que no disfrutaba tanto una película. Intensa-Mente es, en verdad, genial. Un film de los estudios Pixar que ya ha recaudado más de 400 millones de dólares, cuya trama es por demás ingeniosa. Los personajes principales son 5 sentimientos antropomorfizados –la ira, el miedo, el asco, la tristeza y la felicidad– que se encuentran a cargo de la mente de una niña.

De esta manera, los espectadores vemos la manera en que la niña maneja su vida a partir del trabajo de aquéllos. Ellos manejan todos sus procesos neurológicos y, por tanto, vitales. Destaco tres reflexiones que se extraen de la misma.

La primera: La personalidad no es algo dado, sino que se construye a través de todas nuestras experiencias. Esto, que puede parecer una obviedad, se nos olvida con frecuencia y la película lo explica con una sencillez apabullante. Cada recuerdo que entra a la mente de la niña viene encapsulado en una esfera. Pero hay una cierta clase de recuerdos que, por su importancia, vienen a formar las ahí llamadas “islas de la personalidad”. En el caso de la niña, ella tiene 5 islas –la familia, la honorabilidad, los momentos de desinhibición y ridículos, la amistad y el hockey– que son las que la constituyen como ser humano.

A raíz de una súbita mudanza, el entorno de ella cambia y las islas se vienen abajo. He ahí la narrativa de la película: La forma en que nuestra personalidad va cambiando, los sucedáneos emocionales que debemos encontrar para adaptarnos a nuevas circunstancias, y cómo siempre tenemos la posibilidad de reinventarnos y de modificar nuestra personalidad. Al final construye nuevas islas, más ricas y sólidas.

La segunda: Las implicaciones del cambio en nuestro entorno. Parecería que las personas somos conservadoras. El cambio reta, incomoda, nos saca de nuestra zona de confort. En el filme vemos cómo, ante la mudanza, de pronto la personalidad de la niña se desvanece por completo. ¿Cuántas veces no nos pasa esto a lo largo de nuestra vida? Y al revés de nuestra tendencia a conservar, a no cambiar, se nos muestra que la impronta de la vida es  cambio perpetuo y constante.

Entre estos extremos nos debatimos casi a diario. El gran mensaje de IntenSamente es representar este debate tan filosófico en unas cuantas escenas. Todo parece reducirse en aceptar el cambio, lo cual es un reto mayúsculo si no sabemos de qué estamos hechos, qué de nuestro entorno es oropel, mero simbolismo, y qué es lo que nos hace lo que somos. Identificar esto último es, acaso, nuestra tarea más compleja y rica, y la que nos salvará de caer en abismos sin sentido.

La tercera: La belleza de la tristeza. Nicolás Alvarado no lo pudo haber dicho mejor. La heroína de la película acaba siendo el personaje de la tristeza. Es a través de su manto cómo la niña entiende lo que siente y –bella paradoja– lo hermoso de su vida. Quizá me gustó tanto porque siempre me han incomodado las personas que se dicen o se muestran felices. Para mí la vida es un camino agridulce, cuyo sentido –si es que podemos desentrañarlo– se entiende a partir de los momentos oscuros.

Son aquellos instantes en donde se apodera de nosotros la melancolía o la tristeza, los que nos marcan y nos permiten entendernos más y mejor. La alegría es, pues, como diría Parra: Una nube pasajera, un sueño sin orillas, cuya belleza se determina a través del hermoso toque de la tristeza.

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