Las memorias de Vasconcelos

Creo que fue Paz quien dijo que uno el mejor libro del siglo XX mexicano era Ulises Criollo de José Vasconcelos. Sin acercarme un ápice a la autoridad de Paz, mi intuición es que no le falta nada de razón.  Hace algunas semanas empecé su lectura y, simplemente, no puedo dejar de leer. Es un libro muy raro, casi único, en la tradición mexicana, y del cual destila una prosa apabullante y una historia de México contada por un personaje que, a la fecha, forma parte de la misma. Me explico.

Ulises Criollo es la primera parte de las memorias de Vasconcelos. Empieza en su niñez y va narrando lo que recuerda. Lo que impresiona -y de ahí lo raro del libro- es la honestidad del autor. En verdad: cuenta casi todo. No sólo se limita a los hechos externos o a relatar el acontecer político de aquel México, sino que el autor se muestra tal cual es, sin resquemores ni tapujos. Como lector, sorprenden las declaraciones que hace en torno a su familia, amigos, y, más aún: sobre sí mismo.

El libro gana verosimilitud, precisamente, por esto último: se critica a sí mismo tanto como crítica a los demás. Vasconcelos nos cuenta sus primeras aventuras intelectuales, las tertulias del Ateneo con Caso, sus lecturas, sus amores y amoríos, y, al alimón, su relación con el régimen porfirista y después con el movimiento revolucionario. Defiende a Madero, y critica fuertemente a Carranza, a Villa, a Calles.

Tal honestidad, que llega a rayar en lo desafiante, hace de sus memorias un libro delicioso. No sé por qué la tradición de escribir este tipo de memorias en México es casi nula: salvo las de Edmundo Flores, y, recientemente, las de Jorge Castañeda, no he leído otras.

La segunda impresión que produce el libro es una especie de nostalgia, de saudade, por un México que ya no se reconoce. Era la época de una ciudad de México habitable, de un centro histórico que se erigía en un verdadero punto de encuentro cultural. Todo esto lo retrata Vasconcelos con un, gran, extraordinaria, prosa. Además, su recuento no se limita a centros urbanos, sino que siendo viajero retrata casi todo el país. La lectura es una verdadera máquina del tiempo que nos transporta a ese México de cambio de siglo, en donde, en verdad, surge un nuevo México.

Esta última parte es la que quiero destacar. Además de memorias, el libro de Vasconcelos en un verdadero libro de historia. El libro, obviamente, está sesgado por la cosmovisión del autor, pero que relata los detalles de una época que nos marca como país. Si alguien quiere de verdad comprender más a este país, les recomiendo ampliamente su lectura.

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