Patria o Muerte

Termino de leer Patria o Muerte, del venezolano Alberto Barrera Tyska.[1] En una parte de la novela, el autor señala: “Chávez parecía ser fundamentalmente una emoción”. Y sí: El Comandante no sólo impuso una forma de hacer política, sino también de concebir la misma: como emoción, como sentimiento.

Chávez despojó a seguidores y refractarios de la capacidad de crítica. Así logró que los sentimientos hacia su persona totalizaran la vida pública. La novela lo describe muy bien y es, a su vez, un trasunto fiel de muchas actitudes recientes. En la novela esto trasluce en los personajes de Antonio, Miguel y Beatriz.

Antonio y Beatriz están en las antípodas: él, chavista de hueso colorado; ella, opositora radical del régimen, hasta el punto de no desear más que la muerte de Chávez. El punto es que Miguel –de carácter moderado, prudente— no podía mantener una conversación ni con Antonio, ni con Beatriz. Bien le dice Antonio a Miguel: “¡Antes [de Chávez] el país no funcionaba! Y siempre lo criticábamos. La diferencia es que tú, ahora, eres incapaz de criticar lo que ocurre”. Lo mismo le sucede con Beatriz, que exaspera a Antonio cada vez que reduce y relaciona todos los problemas venezolanos con la figura de El Comandante. Antonio sabía que los problemas iban más allá de una persona. Pero Beatriz no reflexionaba sobre la situación política general, sino que exteriorizaba lo que sentía: un rechazo total a quien encarnaba –en su mente— todos los problemas, ya no nacionales, sino de la vida cotidiana (la carestía de alimentos y la inflación galopante, entre otros).

Lo anterior tiene resonancias actuales y reales. En una entrevista reciente del periódico El País (http://goo.gl/9e8vIf) se dice que pareciera que Maduro aceptó los resultados, mas no la derrota, de las últimas elecciones parlamentarias. Y sí: aunque la oposición arrasó al obtener 112 escaños de 167, Maduro no quiere ver que enfrenta una crisis de legitimidad política, profunda, fuerte. Por eso impugnó la elección de tres de los parlamentarios de la oposición, instaló una Asamblea legislativa paralela, se negó —en un principio— a asistir a la Asamblea a dar su informe anual y sigue tratando de gobernar por decreto, al más viejo estilo de El comandante. La falta de autocrítica brilla por su ausencia.

Pero la oposición —las principales fuerzas políticas que componen la MUD— también debe tener cuidado. No debe caer en el mismo vicio que Beatriz: creer que todos los problemas nacionales se concentran en Maduro, el heredero de El Comandante. Hoy, que ya forman parte del gobierno, deben abrir la puerta al lenguaje de la autocrítica, de la política pública y de la concordia. No lograrán sacar a Venezuela del marasmo en que se encuentra si no examinan críticamente qué es lo que los ha llevado a donde están. Destituir a Maduro puede ser condición necesaria, mas no suficiente para hacerlo. Repito: los problemas venezolanos van más allá de una sola persona.

Finalmente, debemos recordar que amar a la patria no es amar a un caudillo. Por eso espero que en Venezuela ya no sea cuestión de patria o muerte; sino de patria, sin más.

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