¿Una celebración vacía?

La victoria de Sadiq Khan como alcalde de Londres tiene mucho de simbolismo. Musulmán, hijo de pakistaníes, de tez oscura, ha sido electo para gobernar una ciudad icónica en el escenario mundial. Bien. Pero el hecho merece un análisis más fino. La celebración de la elección de Khan muestra, en una medida importante, la visión que Occidente guarda sobre Oriente. Y ahí hay un problema.

Edward Said lo ha dicho como nadie: la idea, la concepción de Oriente que tenemos es occidental en todas sus letras. No es casual. Recordemos que muchos de los países de Oriente Medio fueron colonias de Francia e Inglaterra y, después de 1945, la influencia estadounidense en la zona ha sido enorme. Y estos países, al tener vocación imperial, no estaban (están) interesados en entender, sino en dominar a esa zona “indómita y extravagante”. Lo que dice Said es que hasta la fecha, no entendemos bien a bien qué piensan, qué sienten, cómo conciben el mundo en “Oriente”; porque, simplemente, no nos ha interesado. Entendimiento implica humildad, conlleva remover las anteojeras con las que percibimos nuestro mundo para adentrarnos en uno ajeno, lo cual Occidente no ha hecho. Lo que hemos emprendido es una tarea de justificación hegemónica, en donde el musulmán tiene una tarea instrumental: sirve para justificar lo que se ha hecho. Si se invade Irak, Siria, o Afganistán es porque Estados Unidos los va salvar. ¿De quién? de ellos mismos. ¿Por qué? Porque ellos no saben vivir en democracia ni ser libres. Hay que forzarlos y punto.

Por eso algo me incomoda de muchas de las notas que leo sobre Khan. La mayoría resalta que es un musulmán, sí, pero occidental. Es decir, lo que les interesa es celebrar que tuvo éxito esa cruzada “civilizatoria” de occidente y representar a Khan como la estampa de esa victoria cultural. Parafraseando a El País (“La fe del alcalde Khan”), aquí hay un musulmán que no usa barba, cuya esposa no usa velo. Entre líneas, lo que el artículo dice es miren: aquí hay un musulmán que no es terrorista, que no es –y cito textual— “sinónimo de peligro.” Esta conclusión es grave porque parte de la premisa -que muchos piensan verdadera- de que “no todos los musulmanes son terroristas, pero todos los terroristas son musulmanes”. Enunciado tan falaz que sorprende su fama. Pero hay algo más profundo, de más alcance, que conviene pensar colectivamente. El Magreb (los países del norte de África) y Mashrek (Líbano, Palestina, Siria e Irak) son regiones milenarias, con culturas riquísimas, y de una gran complejidad: ¿A poco no hemos aprendido nada de ellos?, ¿en serio Occidente, en solitario, encontró la piedra de toque en cuanto a organización política se refiere?, ¿no hay ningún valor que ellos nos transmitieron a nosotros tras siglos de dominio musulmán en España? Yo creo que sí.

Por eso me gustaría que algún día los medios no sólo resalten lo simbólico que es que alguien como Khan llegue a la alcaldía de Londres, sino que resalten la sustancia que trae al cargo precisamente por eso: por ser musulmán.

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