Angelina Jolie y la London School

Esta semana la London School of Economics and Political Science (LSE) dio a conocer que Angelina Jolie será profesora visitante en la universidad a partir de 2017 en un máster del Centro para las Mujeres, la Paz y la Seguridad de la institución. Las reacciones no se hicieron esperar. Tanto en redes sociales, como en los medios tradicionales se abordó el tema. Percibo que los comentarios en contra de Jolie ganaron la batalla. Pero ¿tienen razón aquellos que lanzaron las críticas más inmisericordes en contra de la LSE o de la actriz? Veamos.

El primer argumento contra la designación de Jolie viene de aquellos que alegan que ella no cuenta con las credenciales académicas necesarias para dar clases en la universidad. Pero todo depende de qué se entienda por clase y la dinámica que se le imprima al curso en general. Como lo aclara la propia institución, el papel de Jolie será compartir su experiencia acumulada por más de una década como activista de los derechos de las mujeres en las zonas más marginadas del orbe y su labor como enviada especial de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Es decir, su tarea no será explicar la teoría de género de Iris Young (por cierto, profesora de la LSE), sino simplemente describir a los estudiantes, en la medida de lo posible y desde su experiencia, cómo es el mundo real.

Otra crítica que se ha espetado es la frialdad de la institución. ¡¿Cómo es posible que la LSE –esa torre de marfil, fortaleza de la sabiduría— acepte que la protagonista de Tomb Raider puede impartir cátedra ahí?! Nadie puede negar que Jolie, ante todo, es una celebridad. Pero ¿qué de eso impide que comparta su experiencia con estudiantes? No cabe duda que es buena comunicadora y que ha visto de primera mano los estragos de la discriminación y la violencia. Entonces ¿cuál es el problema? Es una persona que sabe hablar y que va a hablar de lo que sabe, tan tan.

Lo que subyace, me temo, es algo más serio. Es el esnobismo soterrado que reina en la opinión pública respecto a las instituciones educativas y centros de investigación, que ven a todo aquel sin credenciales adecuadas como alguien no merecedor de entrar en este exclusivo club. Y el prejuicio de que una estrella de Hollywood es alguien superficial, sin nada importante que decir o compartir. Pero ésta es una generalización apresurada, sin asidero argumentativo. No encuentro mucha diferencia entre lo que hizo Emma Watson, con su magnífico discurso en la ONU, y lanzando el exitoso movimiento “He for She”, y lo que va a hacer Jolie. La única diferencia es que Watson estudió en Brown y Oxford. Volvemos al esnobismo.

El punto es que la designación de Jolie ya probó ser una decisión acertada, ya que ha puesto en la mesa, aunque sea por un instante, un tema tan inquietante como la violencia sexual en zonas de conflicto. Por supuesto, con esta designación no se da solución a esta problemática, pero sí es ejemplo de cómo una “celebridad” puede hacer uso de la fama que la rodea y dar mayor difusión a temas que debieran estar presentes en la agenda internacional[1]. De eso va a hablar en la LSE y la gente va a escuchar. Enhorabuena.

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