Gabo y el Poeta

Vi sólo una vez al Gabo, aquí pueden ver un artículo que escribí al respecto. Fue una mañana mágica que guardo con nitidez en mi memoria. Devoré muchos de sus libros y, de vez en cuando, encuentro sosiego en sus memorias que plasmó en “Vivir para contarla”. A Neruda siento como si lo hubiera conocido. Por razones profesionales y académicas viví en Chile por año y medio; al llegar el primer libro que leí fue “Confieso que he vivido”, que son también sus memorias. Es un libro que muestra lo rico de nuestro lenguaje y una vida interesantísima en todos sus aspectos. Además de leer la obra de Neruda y repetir hasta el cansancio y en voz alta –como se debe—  sus “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, visité todas las casas del poeta. Digo “todas” porque son tres: La Chascona en Santiago, La Sebastiana en Valparaiso, y la de Isla Negra. Fui varias veces a cada una de ellas, convencido de que son una continuación de la obra del poeta. Cada uno de los objetos de las casas: sus grandes mascarones de proa, su colección de conchas de mar, de mapas, y hasta el color de los vasos están impregnados de un significado. Así, entrar a las casas nerudianas es entrar a un mundo de significados, y esto es acaso la muestra más palmaria que Neruda era un artista por los cuatro costados, pues hizo de su vida arte. Lo que más me gustaba es que salía de sus casas con la inspiración necesaria para hacer lo mismo en mi propia vida, convencido que todos podemos hacerlo. Lo único que necesitamos es ser amables con el tiempo y hacer el esfuerzo de dotar de sentido a nuestras acciones diarias; esto es, darles un significado, tal y como lo hacía el poeta. En la medida que nuestras acciones presentes tengan un sentido de futuro, vamos a disfrutar más de la vida y, a lo mejor, seremos tan afortunados de encontrar el arte que impregna la vida misma.

Aquí les comparto una conversación entre Gabriel García Márquez y el poeta. La encontré en el portal de la revista Nexos. Como verán, es la época en que Neruda acaba de ganar el premio Nobel de literatura y Gabo era ya un novelista consumado, aunque todavía sin el Nobel en la solapa. Me llamó la atención la sencillez de los dos, pero, sobre todo, la ironía del Gabo. Fíjense cómo le habla al organizador de la conversación. García Márquez se mofa de la entrevista misma, porque no puede conversar con su amigo Pablo como lo haría fuera de cámaras. En esto tiene razón: casi toda entrevista es un tanto impostada, artificial. La conversación que allí se da tiene la amenaza del lente de la cámara.

El tema que se toca es la relación entre poesía, novela y realidad. Es un triángulo algo complicado. Sin embargo, si algo se puede concluir es que de la realidad emerge todo. La realidad nos dicta la pauta del lenguaje y sus referentes. Vicente Leñero, por ejemplo, decía que tenía poca imaginación literaria y que, por eso, se valía de la realidad –de su oficio periodístico— para escribir sus novelas. Como verán, el triángulo también se retroalimenta: una buena novela puede contener algo de lenguaje poético, la poesía puede emular a la novela al relatar algo, y la realidad se enriquece de las novelas y los poemas, pues éstos se tornan en una extensión de la realidad misma. No se pierdan cuando Neruda la hace de titiritero de un león de peluche. Quizá ese es el mensaje secreto de la conversación: nada vale la pena sin un buen amigo y buen humor. Espero la disfruten.

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