Algunas reflexiones en medio de la crisis

No, no estoy de acuerdo con la política de Trump. Lo que ha hecho en los últimos días es un agravio hacia México.

Sí, sí estoy de acuerdo en que ahora no debemos perdernos en mezquindades y debemos apoyar a quienes llevan las riendas políticas de nuestro país. El respaldo al Presidente es fundamental. Y la mejor manera de respaldarlo es  mediante una apertura del debate, escuchando todos los puntos, disintiendo mediante la fuerza de la razón y no la razón de la fuerza. Es una gran oportunidad para que brille la pluralidad en que vivimos.

No, no creo en las recetas mágicas y estoy convencido que simplificar los problemas sólo los agrava. Todos podemos opinar, pero debemos ser realistas y darnos cuenta de lo difícil de la situación: renegociar el TLC, un cambio en la política migratoria, o modificar la cooperación en seguridad -por decir algunos temas- son cuestiones de una complejidad enorme cuyas consecuencias ni siquiera imaginamos. Por ello, no debemos desesperarnos ni acelerarnos, aunque nuestro instinto nos diga lo contrario. Debemos entrar a la negociación  con inteligencia y mesura.

Sí, sí creo que debemos aprovechar esta oportunidad para recordar todo lo que somos como país. México es un país hermoso, de una cultura exquisita, y del cual todos nos debemos de sentir orgullosos. Este resurgimiento del nacionalismo mexicano –cuya muestra más palmaria fueron los escudos de la bandera nacional que se plasmaron en el perfil de un sinnúmero de cuentas de redes sociales- tiene la ventaja de devolvernos la confianza en nosotros mismos. Pero esto no debe llevarnos a caer en un nacionalismo mal entendido. Para decirlo rápido: estoy preocupado por algunas reacciones que he escuchado y leído. Es comprensible que ante un agravio externo se produzca un repliegue colectivo hacia lo nacional. Al fin y al cabo, la idea de “nación” es la que nos une como mexicanos. Sin embargo este repliegue debe confundirse con lo que Popper llamó el “llamado de la tribu”. Es decir, un llamado a la unidad en torno a una categoría tan amplia o en la que cual la libertad y la responsabilidad individual se difumina. Lo peor que nos puede pasar es caer en lo que criticamos. Hay que recordar que enfrentamos ciertas posturas del Presidente Trump y no al pueblo estadounidense. Ante ellos, debemos ser como hemos sido: abiertos, amigables, conscientes de la riqueza que también aportan a nuestro país. Trasladar el enojo justificado que mucho sentimos de la política pública del Presidente Trump hacia los ciudadanos estadounidenses sería un grave error y podría ahondar la presente crisis. En estos tiempos es cuando más debemos mostrar los valores que nos caracterizan: generosidad, empatía, inclusión. No debemos olvidarnos de esto. Ahorita no.

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