La Constitución como conjuro

Ayer se cumplieron cien años de la Constitución de 1917. Habrá festejos, reportajes y múltiples opiniones al respecto. Aquí lo que me interesa resaltar es lo que significa tener una Constitución.

Acaso la característica más importante de las constituciones modernas es que son un símbolo de racionalidad. En un momento en nuestra historia –específicamente las revoluciones atlánticas de Francia y Estados Unidos del siglo XVIII– nos dimos cuenta de que podíamos organizarnos mediante un consenso plasmado lingüísticamente en un documento. Es decir, estuvimos de acuerdo sobre lo más importante y fundamental para vivir en comunidad, y decidimos que la mejor manera de garantizarlo era plasmarlo por escrito. Si lo vemos desde fuera no deja de causar asombro que unas cuantas palabras escritas en un documento tengan un efecto tan práctico que sean capaces de modificar y de crear realidades por sí mismas.

Vista desde esta perspectiva –y parafraseando a Valeria Luiselli– la Constitución es una especie de conjuro: cierta mezcolanza de palabras dichas en un momento determinado, en el orden correcto, y por las personas legitimadas, crean una realidad paralela a la realidad real. Esta realidad paralela es una colmada de racionalidad práctica, es decir, de razones para actuar. No se limita tan sólo a describir un fenómeno, sino que nos dice cómo proceder conductualmente en tal o cual circunstancia dándonos una razón de antemano para ello. Esas razones son, precisamente, las normas constitucionales. Es decir, en teoría, leyendo el documento constitucional deberíamos tener una idea clara sobre lo que se espera de nuestra conducta ante los demás seres humanos. Así, la Constitución nos dice que todos somos iguales y, por lo tanto, prohíbe la discriminación. Señala que somos libres y, consecuentemente, prohíbe las detenciones arbitrarias o los obstáculos para que trabajemos en lo que más nos guste o creamos en aquello que más sentido otorgue a nuestra vida. En suma, todos los derechos nos dan razones para actuar de alguna manera.

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