La sociedad del cansancio

Estamos cansados. Si uno ve a su alrededor y presta atención, las máscaras de cientos de personas caen. Podemos ver los surcos en los rostros, las ojeras debajo de los ojos, la mirada vacía, el paso acelerado y los movimiento pendulares de las piernas. No hay día que no pase sin que alguien me diga que “tiene mucha presión”, “está estresado” o “no le da tiempo de nada”. Existe, por supuesto, quien justifica mejor la queja y no dudo de su malestar; pero de otras, muchas personas —incluyéndome— me he llegado a preguntar qué es lo que produce un síntoma tan general, tan común y, a su vez, tan inasible, difícil de visualizar y resolver. ¿Qué hemos hecho para vivir siempre cansados?

Acabo de encontrar algunas respuestas en el libro La sociedad del cansancio, del filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han. Es un ensayo corto, asaz profundo, que muestra a los filósofos fuera de su torre de marfil, al tiempo que se preocupan por los temas cotidianos mediante herramientas conceptuales claras y analíticas.

Nuestro cansancio, según Han, deriva de la positividad de nuestro mundo. Estamos sobre estimulados en todos los sentidos. Antes vivíamos en una sociedad disciplinada —para utilizar el término de Foucault— en la que cada quien sabía lo que debía hacer. Dominaba un discurso inmunológico, producto del contacto entre nosotros: se rechazaba a lo otro, a lo extraño, “lo negativo”. Hoy en día esto ha cambiado. La falta de interacción humana y la internalización de la lógica neoliberal ha modificado nuestro paradigma conductual. Ya no hay nada que rechazar, porque ha desaparecido la otredad. Ante esto, la negatividad se ha difuminado y ha sido suplantada por la positividad: hoy domina una lógica del exceso, de tener más, de ser más, de aparentar más. Y lo interesante es que hemos internalizado el discurso neoliberal de tal manera que el discurso de la adición —de la positividad— se instaló en nuestras neuronas.

Así, nuestra sociedad transmutó en un rendimiento. Si antes predominaban las prohibiciones y los deberes —es decir, la sociedad instituía roles que las personas debía cumplir— hoy la carga del devenir cae completamente en el individuo. Antes predominaba una lógica de límites, hoy una en la que todo se puede. No hay imposibles en la sociedad del rendimiento.

El artículo completo puede leerse aquí

Facebook Comments