Carlos Fuentes

Carlos Fuentes siempre me impresionó. Tenía una personalidad apabullante. Recuerdo cuando cumplió 80 años y la Ciudad de México se volcó a festejarlo. No era para menos: él festejó a la ciudad durante toda su vida. Su primera novela, “La región más transparente”, le dio una nueva voz a la ciudad. Era la voz posrevolucionaria, de la nueva burguesía, llena de grises y matices sumamente atractivos. Pero regresemos al festejo de sus ochenta años. Compré boletos para escucharlo en el Auditorio Nacional. Era un lunes del año 2008. El auditorio no estaba lleno, pero nada desangelado. Lo presentó –si la memoria no me falla- Jorge Volpi y después habló por una hora sobre literatura. Hubo un momento en que dejé de escuchar y simplemente observé al personaje –porque eso era: un personaje. Perfectamente vestido, con una energía desbordante, y con una vitalidad que yo a mis treinta años envidio. No es casual su tremendo éxito con las mujeres. Y algo se contagiaba de esa seguridad que proyectaba.  Ahorita que escribo esto pienso que yo fui víctima de ese contagio porque esa noche me acompañaba una mujer que me encantaba. Recuerdo que el nerviosismo de tenerla a mi lado se disipó durante la conferencia y salí tan lleno de confianza que ha sido una de las veladas que más he disfrutado con una dama. Al final, no me hizo caso, pero esa ya es harina de otro costal.

Quiero decir que Fuentes era un escritor, sí, pero también una figura. Era un mexicano icónico, respetado en varios países, y que supo mantener un equilibrio entre su obra literaria, su función como intelectual público, y su no menos importante faceta como personaje, como figura, que a veces le daba un toque de actor de cine. No es poca cosa.

Aquí les dejo una entrevista en la que pueden ver las tres facetas de Fuentes: el escritor, el intelectual y el gran actor. Que la disfruten.

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