Sobre el feminismo

Empiezo por el principio: hasta hace unos días mis nociones sobre lo que es el feminismo eran casi nulas. Fuera de saber que es una ideología que busca la igualdad entre hombres y mujeres, no sabía mucho más. Mi interés en el tema sobrevino a raíz del polémico artículo que publicó Valeria Luiselli en el diario El País (http://elpais.com/elpais/2017/02/12/opinion/1486916548_132338.html). Y de ahí en adelante he leído lo que he podido y platicado sobre el tema con quien me ha prestado oídos.

Lo primero que me pregunté, por supuesto, es ¿qué es el feminismo? Como era de esperarse, no hay una sola respuesta, sino varias, muchas. Tan sólo en la Enciclopedia de Filosofía de la Universidad de Stanford si uno pone la palabra feminismo en el buscador aparecen 162 resultados. Hay feminismo liberal, pragmático, analítico, continental, y un gran etcétera. Con lo que me quedo es que el feminismo es tanto una teoría política y moral, como un movimiento político. Es decir, tiene una dimensión normativa –la que nos señala “el deber ser”- y otra empírica o descriptiva –la que nos señala lo que realmente pasa, el “ser”. Ambas dimensiones se retroalimentan y buscan alcanzar una mayor igualdad para las mujeres. Y aquí lo importante es que realidad cambie para eventualmente embonar en los postulados normativos, es decir, que la lucha política tenga un sentido de justicia claro y sea producto de un ejercicio reflexivo. El punto de partida y común a todas las corrientes feministas siempre es la igualdad entre hombres y mujeres.

Luego me percaté de su importancia actual. Para decirlo rápido y claro: el panorama duele, entristece, enoja. Van algunos datos: en Estados Unidos cada 6.2 minutos se reporta una violación a una mujer, y si todas las violaciones se reportaran se estima que hay casi una violación por minuto. También en Estados Unidos se calcula que al año son asesinadas 1000 mujeres por violencia doméstica, lo que quiere decir que hay más mujeres muertas por esta causa que por la guerra en Irak.[1] En el mundo, 225 millones de mujeres no tienen la capacidad de acceder a métodos anticonceptivos y 15 millones de niñas son obligadas a contraer matrimonio cada año. Otro dato aterrador: 130 millones de niñas sufrieron mutilación genital en algún momento de sus vidas. Y se podría escribir un tratado de varios tomos con estos números del terror y la barbarie.

También me di cuenta de que el feminismo tiene muchas aristas y ramificaciones. El debate desde hace unos años se sitúa en la diferencia entre “género” y “sexo” –la primera es una categoría cultural, la segunda una biológica-; y en las consecuencias del feminismo para los hombres, porque como dijo Emma Watson en su magnífico discurso en ONU Mujeres, hay hombres que padecen una enfermedad mental y no se atreven a pedir ayuda por temor a parecer menos “machos” u otros que se han vuelto frágiles e inseguros por un sentido distorsionado de lo que es el éxito masculino. Es decir, el feminismo también expone los posibles vicios de la masculinidad y permea en muchos otros campos.

El artículo completo puede leerse aquí

[1] Los datos los tomo del libro de Rebecca Solnit con un título que llama poderosamente la atención “Men explain things to me”

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