¿Existen “hechos alternativos”?

Ante el debate sobre qué tan multitudinaria había sido la inauguración del presidente Trump en enero, Kellyanne Conway, asesora senior del Presidente Trump, señaló en una entrevista que la información compartida por casi todos los noticieros difería de la que ellos tenían . Llamó la atención cómo denominó a esta versión: dijo que había “hechos alternativos” a los recopilados por el equipo del presidente. El alud de críticas no se hizo esperar. ¿Cómo es posible hablar de “hechos alternativos” si sólo existen unos, los verdaderos, los que realmente sucedieron? Aunque comparto la crítica, el tema amerita una reflexión más profunda. Sobre todo en el marco del llamado “fenómeno Trump”, capaz de tergiversar hechos y realidades como si fueran plastilina. ¿Existen los “hechos alternativos”? Sí y no. Me explico.

El presupuesto para hablar sobre un hecho verdadero –o que realmente ocurrió— es que existe una realidad objetiva, independiente de nosotros como espectadores, y que podemos conocer a través de nuestros sentidos. Esta es la versión más aceptada, por ser casi de sentido común. Lo contrario equivaldría a vivir en una especie de “Matrix” en la que nada fuera real. Bajo esta visión, por ejemplo, esclarecer si Pedro mató a Juan –es decir, probar el hecho de que ocurrió un homicidio— sólo implica un problema de información. Bastaría con haberlo visto, o encontrado las huellas dactilares de Pedro en el crimen, y tan tan. Pero en esto, como en la vida, nada es tan sencillo.

A lo anterior, hay que agregar otro gran problema: el de interpretación. Esto es, cómo percibimos sensorialmente un fenómeno y lo dotamos de significado. No todos percibimos las mismas cosas, por el simple hecho que dependen de nuestros sentidos. De una persona a otra pueden variar “los datos sensoriales que tal hecho externo causa en su mente”.[1] Así, yo puedo percibir el movimiento del brazo de alguien a la distancia como de izquierda a derecha, y otra persona como de arriba hacia abajo. Ahora bien, dependiendo de cómo se perciba el movimiento éste adquirirá tal o cual significado; si es un movimiento de izquierda a derecha podría ser un saludo, de arriba hacia abajo, una señal para cerrar algo. Nótese cómo debe contrastarse el hecho percibido con la red de conceptos, categorías, teorías, máximas de experiencia, recuerdos, y un gran etcétera, que uno tiene en su mente para atribuirle significado a un sólo movimiento. En esto reside la interpretación.

Toda esa malla de pensamientos constituyen un trasfondo con la que aprehendemos una –y tan sólo una— parte de la realidad. Es a través de esa malla por donde, literalmente, leemos nuestro mundo. Por tanto, si cambia la malla, cambia el significado que le atribuimos a las cosas. A tal grado que dos personas que estén presentes durante un mismo acontecimiento pueden tener versiones totalmente distintas de lo que pasó. Para una, Pedro pudo no matar a Juan, para la otra sí…

El artículo completo puede leerse aquí

[1] Daniel González Lagier, Quaestio Facti, Fontamara, México, 2012, p. 21

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