Gracias Facebook

Hace unos días acudí a un evento público en una ciudad en la que viví de niño. En medio del bullicio y de un calor insoportable, vi a uno de mis antiguos compañeros de primaria. Lo reconocí no por su aspecto físico, ni porque nos hayan puesto en contacto, ni mucho menos porque me haya saludado. Lo reconocí porque somos “amigos” en Facebook. Estuve alrededor de dos horas en el evento, a unos cuantos metros de él y de toda su familia, a la que fui recordando con claridad. Recordé a su hermano, a su padre, y aquellas tardes que me invitaban a comer después de la escuela y nos guarecíamos en una casa del árbol padrísima que tenían en su jardín. Durante todo el tiempo que estuve el evento no me acerqué a saludarlo. Al final, me concentré en otra cosa y me fui. En el camino de regreso un pensamiento daba vueltas en mi cabeza. ¿Por qué no lo saludé?

A la respuesta que llego es que Facebook me quitó el sentimiento de nostalgia que, en otra situación, me hubiera impulsado a saludarlo efusivamente. La nostalgia es un sentimiento complejo que implica recordar con tristeza algo que se ha ido o se perdió. No todo tiempo pasado fue mejor, pero mucho sí lo fue, y recordar lo bueno que ya no está, que se ha ido, siempre acarrea cierta melancolía. Pero para recordar lo más importante es saber también olvidar. Recordemos el cuento de Borges, “Funes el memorioso”, cuya maldición radicaba en la memoria del personaje. Él recordaba todo, todo, lo cual le impedía pensar, y más aún, soñar. Si todo recordamos ningún pensamiento migra de cerebro al espíritu. Esta migración necesita del bello reposo del olvido. Y es en el espíritu donde labramos nuestras emociones, nuestra imaginación, nuestro presente.

Yo al ver a mi amigo, después de casi 20 años, no sentí nostalgia. Sentía -por verlo casi semanalmente en una foto en la Red Social- que lo había visto crecer y acaso saludado un año antes. Pero, a pesar de esto, no lo sentía cercano. Lo sentía más distante que nunca. Era como verlo en otra foto más y me imaginaba como ese momento lo iba a recrear después en una Instagram Story, o algo por el estilo.

Facebook, y las demás redes sociales, han cambiado la forma en que nos relacionamos con nuestro pasado. El recuerdo constante de personas, de momentos, le quitan la mística que envuelve a todo pasado, esa que sólo le da el precioso toque de la nostalgia.

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