Sobre el ocio

Al publicarse esta columna para muchos habrán terminado los días de asueto, para otros no. Son días que traen una pausa a nuestras vidas. Porque las vacaciones son precisamente eso: pausa, detenimiento, respiro. Pensando en el sentido de esta pausa, me detuve a leer las reflexiones del gran Marc Fumaroli sobre el ocio. Aquí les dejo algunas joyas que encontré.

“De todos los ridículos de este mundo, el mayor, me parece a mí, es estar atareado, ser un hombre apremiado por comer, apremiado por actuar […]. No se puede decir que el sentido de la vida sea vivir para trabajar” Fumaroli citando a Mark Twain.

“El otium puede ser un uso inerte e innoble del tiempo, o bien el más noble de estos usos, la vida contemplativa”.

“Según el uso que se hace del tiempo, la mirada y la imagen cambian totalmente. Pasan de la futilidad de la mirada suspendida a los simulacros que desfilan delante de ella, a la detención de la mirada sobre una forma que lo sabe todo o que sabe mucho sobre su modelo”.

Otium, entendido no como inercia física y ociosidad, sino como unas vacaciones ocupadas, sino en las obras del espíritu y en la vida civilizada por las artes, al menos en tomar distancia y descansar”.

“Es en el apartamiento del otium cuando se percibe en lugar de entrever, cuando se busca en lugar de repetir, cuando se contempla en lugar de agitarse, cuando se reconoce lo que el polvo de la impaciencia, los espejeos de las prisas y el peso del esfuerzo precipitado robaban a la mirada, aunque sea el simple hecho de estar uno consigo mismo, con los suyos, con los amigos, en el instante disfrutado por sí mismo”.

Vivimos en un mundo tan atareado que pocas veces nos detenemos a mirar. A verdaderamente mirar nuestro mundo, a mirarnos a nosotros mismos. Pocas veces somos conscientes de nuestra fragilidad, de nuestra inmortalidad. Es sólo en momentos de reflexión, de vida contemplativa, donde nos llega el relámpago de la realidad. De esta realidad que nos rodea y que nos consume, cuando nosotros deberíamos de contemplarla y contemplarnos en ella. Y para hacer eso posible necesitamos del descanso.

De “ese descanso en el que la vista se posa en las cosas y en los seres, y que descubre lo cercano y el horizonte”. Y que como bien dice Fumaroli…

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