Interrogue a sus cucharitas

¿Por qué no brillas?¿Estás triste? No sé cómo podrías estar triste. A lo mejor no cumpliste bien tu función. Puedes haber quemado los labios de quien probaba un sorbo de su café por medio de ti. Y lastimar no es bueno; no siempre pues. Pero no fuiste tú cucharita, fue el idiota acelerado que no dejó enfriar el líquido en tu panza lo suficiente. Espero que lo sepas y que no te invada un sentimiento de culpa. La idiotez es contagiosa. 

¿Qué piensas del tenedor? ¿Crees que su función es más importante, esencial, que la tuya? De entrada yo te digo que su apariencia es más impactante. Quizá por su similitud con el tridente. Quizá por sus dientes que lo hacen ver feroz. O ¿acaso será un pensamiento machista, ya que el tenedor nos remite al falo y tú, querida cucharita, al útero? 

¿Por qué no te lustran? ¿Qué sientes cuando te limpian? ¿Se siente como cuando nosotros nos bañamos? Porque esa experiencia depende de la forma que se lleve a cabo. Te pueden lustrar como nosotros nos bañamos de manera rápida y sin cuidado. Un estropajo nos recorre el cuerpo, nos araña la piel, para desprender la mugre sin reparar en el dolor que cause. O nos podemos limpiar suavemente, lentamente, con una esponja suave que consienta nuestra epidermis. A ti te puede pasar lo mismo, ¿cierto? Hay quienes te lavan de forma casi violenta por ser la parte que más odian del rito de ingerir los sagrados alimentos. Te lavan con disgusto porque les recuerdas un poco su animalidad y que casi todo lo que usamos los humanos lo ensuciamos, lo violentamos. Pero también te pueden limpiar lentamente, suavemente, con agua tibia, de forma cuidadosa. El ser humano que te lava puede entrar en un trance relajante en donde te sujeta y se fija en cada contacto de la esponja con tu panza e intenta quitarte todo vestigio de la comida para que reposes y te sientas fresca, limpia, y puedas dormir tranquila en tu gaveta. 

¿Qué opinas de las cucharas soperas, cucharita?, ¿son tus parientes?, ¿tus primos sobredesarrollados y con sobrepeso?, O ¿pertenecen a mundos distintos? Yo te prefiero a ti, por supuesto. Basta y sobra que sirvas para endulzar la vida. Eres la medida de la alegría de cada mañana. A veces pienso que la noche es tan sólo un camino para el café matutino. Y qué sería el café sin tu ayuda para endulzarlo. En cambio, tu pariente gigante, no sirve para eso. Su esencia es más bien salada y la vida salada aburre. 

¿Qué opinas de las máquinas lavadoras de trastes? ¿Te sientes cómoda ahí dentro? Yo me imagino que no. Se me hace un mecanismo impersonal que afecta tu individualidad. Ahí adentro eres un traste más, un objeto sucio a ser lavado. Estás entre platos, tenedores, cuchillo, tazas, vasos. Además, el proceso no ha de ser muy agradable. Te avientan en un artefacto cuadrado, te apagan la luz y, de repente, empieza a temblar y llover. Un temblor entre oscilatorio y trepidatorio, y una lluvia fría enjabonada. Imagino que es un baño más cercano a uno de jicarazos que al placer de un jacuzzi. El capitalismo deshumanizador también invadió tu vida, querida cucharita. 

¿Para qué te gusta ser utilizada, querida cucharita? Todos pensamos que sirves para alimentarnos. Pero puedes ser utilizada de distintas formas. Te pueden usar para disolver heroína. Te pueden usar para abrir una cerveza. También eres útil para enterrar algo pequeño en la tierra. Puedes trasmutar en un arma mortal: tu forma es perfecta para sacar los ojos de su sitio y seguir escarbando hasta el cerebro de quien sea. No me gustaría que tu destino sea este último, pero los humanos somos así, incomprensibles y crueles.

Facebook Comments